Hoy he tenido tiempo para pensar en la manera correcta de contarte mi sueño, no el de hoy sino el que siempre he tenido desde que te conocí, desde que ame aquellos rizos negros.
Trato de no caer en algo rebuscado para decirte como fue que decidí amarte, aferrarme a tu corazón que siempre me ha parecido más vivo que el mio. Las imágenes del recorrido que me llevo a este lugar vienen y van. Siempre me he preguntado como sería nuestra vida juntos y qué cara va a poner nuestra familia cuando se entere de nuestros planes a futuro.
Siento cosquillas en la punta de los dedos cuando recuerdo tu tacto, no tengo en la mente nada claro el momento en el que te comencé a amar pero ese sentimiento jamás se ha detenido. Soy inútil al intentar olvidarte y finalmente me contento con mirarte.
Hay que cerrar los ojos para evocar tus frías manos y con lo suaves y delicadas que son seria imposible o quizás improbable que no me dieran el placer que me dan, que no nublara mi mente el no poder lamer la punta de tus dedos mientras intento controlarme.
Quiero fundirme en tu pecho tranquilo, quiero vivir en tu boca que siempre es un alivio, quiero despertar cada mañana para ver tu cara y sobre todo necesito respirar tus palabras, todas, que siempre saben traerme paz.
La foto que tengo en la memoria de nuestro destino siempre ha sido clara y creo que ahora si la podemos alcanzar. En ella estamos tu y yo llenos de confianza y amor, juntos, por fin y en la esquina un beso pintado de rosa iniciando nuestro álbum de vida.
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